Seventeen (En Español)

Mientras la policí­a inmovilizaba a Derrick Reed contra el cofre de la patrulla, un pensamiento corrí­a por su mente: “Oh no. Me van a encarcelar. Ya tengo 17 años.”

La historia de madurez del adolescente de East Garfield Park no está llena de bailes escolares o pruebas para el equipo de futbol americano. Más bien, el dí­a que determinó su adolescencia fue el 30 de noviembre, 2009.

Empezó sin nada especial. Reed salió de su departamento y entró a un mercado local de drogas al aire libre. La operación era estándar y él tení­a su papel.

Los clientes se acercaban a un niño de 14 años y le daban dinero. El niño señalaba a Reed para que sacara las drogas de un lugar oculto. Reed caminaba por el hierbajo espeso de un lote vacante y lleno de basura.

Ese dí­a, dos policí­as de ronda podí­an ver claramente mientras los adolescentes vendí­an las drogas. Reed rebuscaba en el suelo para encontrar una botella vací­a de jugo. La volteó, desparramando un paquetito brillante. Mientras el adolescente de 5 pies 6 pulgadas llevaba el pedacito de aluminio pequeño para entregarlo, podí­a escuchar que alguien le gritaba, “Déjalo. ¡Los azules [policí­a]!” La voz rasgó el aire fresco de otoño. Antes de que Reed se diera cuenta, una patrulla habí­a saltado la banqueta y los oficiales le estaban persiguiendo.

Los oficiales encontraron la botella de jugo y recuperaron cinco paquetes de heroí­na. El laboratorio criminal valoró a las drogas en $75. Fue suficiente para considerarlo una feloní­a.

Para hacerlo aun peor, Reed apenas habí­a cumplido los 17 un mes antes. Eso significaba que le podí­an procesar como adulto.

Meses después, era un delincuente condenado.

Si Reed hubiera sido acusado en la otra parte del paí­s, probablemente hubiera sido sujeto a jurisdicción juvenil–”tomando clases de preparatoria y recibiendo servicios sociales en vez de en una cárcel viendo la televisión todo el dí­a y compartiendo una celda con un adulto de dos veces su edad. Sin embargo, Illinois es uno de solo 12 estados que automáticamente procesa a menores enfrentando cargos de feloní­a en el sistema penal adulto. Durante la última década, menos estados están procesando a menores de edad como adultos y una comisión estatal está tratando de determinar si Illinois deberí­a ser el próximo.

“En ninguna otra arena estamos dispuestos de reconocer a personas de 17 años de edad como adultos,” dijo Randell Strickland, el coordinador de contacto desproporcionado de minorí­as de Illinois del programa Models for Change de MacArthur Foundation. Como miembro de la Comisión de Justicia Juvenil del estado, él espera que la investigación motive a los legisladores a transferir a los adolescentes al sistema juvenil. “Estamos matando moscas con mazos. No solo está echando a perder los recursos, pero las vidas también,” dijo él.

Un análisis de Chicago Reporter de datos de la corte encontró que personas de 17 años de edad condenados con feloní­as contradicen la percepción de que estos adolescentes son criminales violentos que merecen ser castigados juntos con adultos. En su mayorí­a, 54 por ciento, de las personas de 17 años de edad que fueron procesados en las cortes adultas del Condado de Cook fueron condenados por la venta de drogas y el robo de propiedad solamente, de acuerdo con el análisis.

De todas las condenas, 58 por ciento fueron por ofensas no violentas. Si se incluye a robos sin armas, las ofensas son el 71 por ciento de todas las condenas. La cantidad más grande de condenas fueron basadas en ofensas menores relacionadas con drogas.

Una mayorí­a abrumadora de estos jóvenes de 17 años, como Reed, son negros–”77 por ciento. Y la mayorí­a viene de solamente cinco áreas empobrecidas, algunas que son los hogares de los í­ndices más altos de desempleo de largo plazo en el paí­s–”incluyendo Austin, Humboldt Park, North Lawndale, Roseland y West Englewood.

Ya que los adolescentes fueron acusados y sus casos estaban en camino a la corte, las probabilidades eran que se declararí­an culpables y terminarí­an con una condena adulta de feloní­a, a pesar de que tuvieran un abogado privado o defensor público, de acuerdo con el análisis. Todo esto mucho antes de que pudieran votar, comprar un paquete de cigarrillos o entrar al servicio militar.

“¿Por qué estamos dando récords de feloní­a a jóvenes que les van a perseguir para el resto de sus vidas?” dijo Liz Kooy, quien ha estado siguiendo a los juveniles en los sistemas adultos de corte en todo el estado para la mayorí­a de la última década por medio del grupo de apoyo Juvenile Justice Initiative basado en Illinois.

Kooy está entre las pocas personas quienes conocen los detalles de cómo procesan a los jóvenes como adultos bajo el laberinto de leyes de Illinois. Ella trabajó en Juvenile Transfer Advocacy Unit en la Oficina del Defensor Público del Condado de Cook al principio de la década. Allí­, ella rápidamente se convirtió en la experta de los menores atrapados en el sistema adulto.

Como lo veí­a Kooy, su trabajo principal era abogar por los adolescentes para que no fueran pasados por alto en la corte más grande de la nación. Ella vio como los jueces, abogados y defensores públicos–”quienes representan a la gran mayorí­a de los jóvenes–”estaban a veces bajo presión enorme para mover los casos por el sistema rápidamente. En sus ojos, eso ha resultado en muchas negociaciones sobre cargos criminales para conseguir peticiones culpables durante los años, muchas veces sin mucha consideración por las consecuencias de largo plazo de una condena de feloní­a. Todos esos jóvenes en el análisis de Reporter ahora son delincuentes condenados y perderán opciones de asistencia estudiantil federal para la universidad, servicio militar, ayuda pública y en muchos casos, trabajos–para el resto de sus vidas.

A estos adolescentes “se les dan muchas malas opciones,” dijo Kooy. “Les dicen, –˜Te puedes declarar y recibir dos años o enfrentar seis.'”

Reporter analizó qué pasaba cuando una petición fue inscrita y encontró que abrumadoramente, 99 por ciento de todos los jóvenes de 17 años se declararon culpables. Solo un por ciento–”27 personas–”se declararon no culpables.

Ya condenados, los jóvenes no solo recibieron un tirón de orejas por sus crí­menes. Más de la mitad fueron condenados a la prisión adulta. De acuerdo con el análisis de Reporter, 882 de las personas de 17 años cuyos casos fueron abiertos desde 2006 fueron condenados a unos 3,103 años combinados en la prisión adulta. Más de la mitad de esos jóvenes fueron condenados a sentencias de prisión por más de tres años. Los que quedaron fueron sentenciados a alternativas, incluyendo probación, servicio comunitario o supervisión de la corte.

Abishi Cunningham, quien ahora supervisa la Oficina del Defensor Público del Condado de Cook, dijo que no comentarí­a en los resultados de Reporter sin ver el análisis. Pero es de conocimiento común que los números de casos anuales de los abogados en el Condado de Cook han excedido por mucho tiempo el estándar de 150 casos de feloní­as por cada abogado, recibiendo crí­ticas de National Association of Criminal Defense Lawyers que los abogados no tienen los recursos para tratar los casos.

“No creo que encontrarí­as a alguien que te dijera, –˜Le torcí­ el brazo a alguien para conseguir una declaración,'” dijo el anterior Defensor Público Sean Harrison quien ahora trabaja con casos criminales en una práctica privada. “Perderí­an su licencia [de ley] para empezar.”

De acuerdo con la Oficina del Defensor Público, los 80 abogados en la corte más grande del Condado de Cook–”en la Calle 26 y la Avenida California–”estaban representando a personas en 10,007 casos de feloní­a durante los primeros seis meses de este año. Si los números de casos se mantuvieran constantes durante el resto del año, cada abogado hubiera trabajado en unos estimados 189 casos, o aproximadamente 25 por ciento más de la recomendación nacional.

Para Reed, su condena de drogas fue nada más otro recuerdo del papel que las drogas tení­an en su vida. Trabajadores de bienestar juvenil empezaron a juntar su archivo desde el dí­a en que nació, adicto al crack en el Hospital St. James en el suburbio sureño Chicago Heights. Trabajadores sociales trazaron su primer año como un bebé frágil amarrado a un monitor de corazón, sus dí­as bajo la supervisión del estado y el esfuerzo de su padre adolescente de dejar de vender drogas.

íšltimamente, su abuela, Patricia, quien sobreviví­a como una trabajadora de cuidado de salud de hogar desde los principios de los 1980s, le adoptó a él y a su hermano mayor. Trabajadores sociales se mantení­an pendientes de Reed. Su mamá tuvo por lo menos una docena de niños adicionales adictos a las drogas–”los cuales que también fueron quitados de su cargo.

Los efectos de haber sido un bebé drogadicto persistí­an para Reed. Sufrió ataques de apoplejí­a hasta que tení­a 8 años. El trabajo escolar era un desafí­o. Y cuando llegó a la preparatoria, habí­a pasado tiempo en un hospital psiquiatra con sí­ntomas de esquizofrenia.

Ahora, a los 17, en muchas maneras se ha convertido en el adolescente tí­pico. Le encanta dibujar, tiene dos orejas perforadas, le gusta quedarse encerrado en su recámara escuchando música fuerte y desea los zapatos más modernos y dinero para ir al cine. Lo último fue lo que le hizo pensar en vender drogas.

“Era todo por el dinero,” él dijo detrás de una ventana de lámina de vidrio en la Cárcel del Condado de Cook, donde se quedó en julio esperando un juicio acerca de una nueva cantidad de acusaciones relacionadas a las drogas.

Recibió esas acusaciones el 17 de abril después de que Reed les dijo a sus abuelos que iba a salir a recoger su chamarra que habí­a dejado en la casa de un amigo. Minutos después de haber salido de la puerta principal, la policí­a irrumpió a la cuadra 3600 de la Avenida West 5th en una redada de drogas. Reed y algunos oficiales intercambiaron miradas y Reed gritó que la policí­a estaba entrando al patio.

Su abuelo, Albert Sims, escuchó la conmoción y fue a la ventana. Reed “estaba inmovilizado contra el suelo con una arma apuntando a su cabeza,” dijo Sims. Reed fue acusado de intentar deshacerse de una bolsa transparente de plástico amarrada y llena de crack, éxtasis y mariguana, inicialmente valorada en $710. Regresó a la cárcel, esta vez compartiendo una celda con un hombre de 34 años en la División XI en el lado suroeste de Chicago.

Reed fue transferido entre una cantidad de unidades adultas mientras estaba allí­, incluyendo un hospital psiquiatra después de que se puso tan nervioso que empezó a buscar pelea y arrancarse los pelos de la cabeza, que le dejó con un espacio calvo.

Sus abuelos han estado moviéndose también. Habí­an esperado casi dos décadas en la lista de espera de Chicago Housing Authority por un departamento. Pero bajo la póliza de cero-tolerancia acerca de las drogas, la pareja ahora empleada fue desalojada en julio debido a la actividad de drogas de Reed.

A fines de julio, Chicago Public Schools mandó una carta a sus abuelos preguntando a cual escuela preparatoria se querí­a inscribir Reed en el otoño. Su escuela anterior, John Marshall Metropolitan High School, tuvo rendimiento académico pésimo este año. El í­ndice de graduación declinó al 41 por ciento, y solo el 4 por ciento de los estudiantes de 11avo grado cumplieron con las normas estatales este año.

Mientras Reed se quedaba en una celda de la cárcel, la preparatoria era los más lejano en su mente. Su pregunta más grande era si pedir un juicio tribunal. í‰l señaló lo que consideraba unas inconsistencias en su caso. El oficial quien testificó en su vista preliminar no era el oficial quien le habí­a arrestado, dijo él.

Si perdí­a, sin embargo, aun podrí­a recibir entre cuatro y 16 años entre rejas–”casi igual al total de su vida–”su defensor público le comentó a sus abuelos. Si llegaba a un acuerdo, podrí­a recibir libertad condicional basada en su esquizofrenia. Era un riesgo. “Lo que me saque de aquí­ más pronto,” dijo él.

íšltimamente, Reed se declaró culpable. Después de estar tres meses entre rejas, el Juez de la Corte del Circuito del Condado de Cook Rickey Jones cerró el caso el 29 de julio en un total de 13 minutos. Reed y otra persona de 17 años del lado oeste fueron acusados de feloní­as adultas de un tirón. Reed fue condenado a libertad condicional predicada en que recibiera tratamiento de salud mental.

Su abuela lloró del alivio.

Ella y su esposo habí­an estado esperando pacientemente, llegando temprano a cada cita en la corte, mientras el caso duraba meses. Su abuelo desaprobaba meneando la cabeza mientras salí­a de la corte. “Estos niños–¦se declaran para salir de aquí­. ¿Quién no lo harí­a?” dijo él. “¿[Y qué] del efecto a largo plazo? ¿Qué va a pasar durante la búsqueda de trabajo cuando tiene 25?”

Fundado hace un siglo, el sistema de justicia juvenil está basado en la premisa que los adolescentes deberí­an ser tratados de manera diferente que los adultos. Reed, por ejemplo. Si estuviera en detención juvenil, recibirí­a un régimen del amanecer hasta el anochecer de clases de preparatoria, horas recreacionales, grupos de coetáneos y servicios sociales con el intento de volver al buen camino. A cambio, pasó la mayorí­a de su tiempo en la cárcel en una celda o viendo la televisión.

í‰l pensó en asistir a clases de GED pero dijo que los salones de clase en la prisión de adultos están sobrepoblados y notorios por su actividad pandillera. Es un ambiente que Reed, quien pesa 140 libras máximo, decidió evitar.

Legisladores de Illinois reunieron una comisión de justicia juvenil para determinar si los jóvenes de 17 años deberí­an estar en el sistema juvenil en vez de ser encerrados con adultos. El Gobernador Pat Quinn nombró a 19 miembros a la comisión de 25 miembros en enero, cargando al grupo con entregar recomendaciones antes de 2012.

Abogadores, psicólogos, defensores públicos y algunos legisladores esperan que la comisión considere que todas las leyes de Illinois que piden procesar a los juveniles como adultos antedatan a estudios cientí­ficos sobre el desarrollo del cerebro adolescente. Esa investigación ha encontrado que el lóbulo frontal del cerebro, el centro de nervios para el control de los impulsos, no está completamente desarrollado hasta principios de los 20s–”mucho después de que estos jóvenes fueron condenados como adultos.

El Juez William O’Brien supervisó las divisiones de Juicio de Feloní­a y Proceso de Narcóticos de la Oficina del Procurador del Estado del Condado de Cook de 1996 a 2002 antes de entrar al tribunal. í‰l dijo que desde una perspectiva legal, cae en los legisladores rectificar las inconsistencias en quien consideran como un menor bajo la ley de Illinois. Ví­ctimas de crí­menes son juveniles hasta que lleguen a los 18. Casos de delitos menores no llegan a la corte adulta hasta que un demandado tenga 18. Pero todaví­a hay una cantidad de estatutos adicionales en los libros, que describen como juveniles, 16 y menores de edad, pueden ser procesados como adultos.

Por años, Illinois ha estado socavando a sus propias leyes que afectan a los jóvenes. Legisladores decidieron que los menores estaban siendo procesados muy severamente bajo las leyes estatales y en 2005, derogaron a una ley que automáticamente transferí­a a personas de 15 y 16 años al sistema adulto por vender drogas entre 1,000 pies de una escuela o vivienda pública. El año pasado, la legislatura se puso de acuerdo de regresar a los adolescentes de 17 años con delitos menores a la corte juvenil.

Transfiriendo a todas las personas de 17 años requerirí­a una redistribución de recursos, incluyendo abogados e investigadores adicionales, dijo Linda Uttal, quien dirige la división de justicia juvenil en la Oficina del Defensor Público del Condado de Cook.

Sin embargo, “No es una idea exagerada,” dijo Strickland. Durante los últimos dos años y medio, el13 por ciento, o 1,740 de los adolescentes admitidos al centro de detención juvenil del Condado de Cook tení­an 17 años, de acuerdo con los archivos del centro de detención obtenidos por Reporter.

Earl Dunlap, un veterano franco del sistema de correcciones juveniles apuntado por la corte federal para revisar el sistema de detención juvenil del condado en 2007, dijo que el cambio serí­a bienvenido, pero solo si la gente que tení­a que estar en la cárcel se mantuvieran allí­. “Pero si tenemos que mantener a cada Tom, Dick y Harry quien comete un crimen de Mickey Mouse (no serio)–¦Se pone loco aquí­.”

Contribuyendo: Alissa Groeninger, Catherine Newhouse, Kayla Bensing, Samantha Winslow, Brittney Wong y Rebecca Freitag.

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